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¿Por qué En Trama?

Actualizado: 12 mar 2023

En Trama surgió de una conversación, más por intuición que por lógica y su sentido fue y sigue emergiendo en el camino.

La trama se forma hilos, de interrelaciones, del acto de tejer con un sentido. El tejer es acto de unión.


La trama es cada hilo y es también más que la suma de las partes. Las partes se unen en algo mayor, que las incluye y juntas conforman algo especial y nuevo.


Se teje con las manos, con paciencia, con calma. Se teje con la mente, con el cuerpo y con el corazón. Se teje para descansar, para crear, para abrigar, para decorar. Se teje desvelada, de día, de noche; sola y acompañada.


El tejido es una labor antiquísima, un oficio y un saber que las mujeres fueron enseñando, transmitiendo y aprendiendo. A mí particularmente, me enseñó a tejer mi abuela. Tejíamos juntas en las vacaciones de invierno, al lado de la chimenea, en medio de charlas y juegos de mesa. Tejíamos cuadraditos y los donábamos a personas que confeccionaban mantas para personas en situación de calle. Hoy en día tejo a veces para desconectarme del acelere, hacer una pausa y volver a mí.


En Trama busca tejer red de contención amorosa y cálida. Busca ser espacio de reunión, de disfrute, de creatividad y despliegue. Busca ser ese lugar donde juntas tejamos abrigo para quien lo necesite, que muchas veces somos nosotras mismas.


Lo femenino se caracteriza por unir, cobijar, alojar, nutrir, cuidar. Te propongo conectar con lo femenino en vos, integrándote. Tejamos juntas un espacio para ser espontáneas, genuinas y libres.


Para terminar, te dejo un cuento con el que todo mi ser resonó, sobre las mujeres como tejedoras de nuestra existencia de Elena García Quevedo, "La tejedora de vidas. Cuentos para sanar el alma femenina" (2015), Ed. Elephteria.


Hay una tejedora que habita en el alma de toda mujer para enseñarle a mirar su tiempo como un gran ovillo y sus dones como las agujas con las que dar formas a su vida. La tejedora del alma enseña a deshacer las zonas muertas y hacer alquimia con ellas transformándolas en abono para seguir adelante. Por eso dicen que cuando llegas a la casa de una mujer tejedora de alma has de poner mucha atención: Si entras y te regala una pipa, un tapiz hecho con sus propias manos o un cuento en realidad te entrega hebras perdidas que no has logrado domar o que ni tan siquiera conoces, claves para despertar a la tejedora del alma que duerme dentro de ti o, incluso, mira por dónde, palabras en forma de cuentos para abrirte a una nueva forma de mirar. Porque lo que jamás hace ninguna anciana tejedora ni ninguna mujer araña es perder el tiempo.

Los cuentos que narran la historia de las mujeres tejedoras del alma nacieron para recordar a toda mujer su enorme capacidad de restaurarse a sí misma, y su poder para construir el paraíso incluso en tierra baldía. Por eso quiero contaros la historia real de Ronin Wano, que también es una alegoría de la herida de todas las mujeres y del propio planeta.


"Hace mucho tiempo en un país lejano ella era la única nieta que su abuela sabia educó para que puntada a puntada y palabra a palabra descubriera los hilos ancestrales que tejen la memoria e hilan la vida; para que susurrara las verdades al alma de las mujeres despistadas y sus palabras devolvieran las fuerzas y ganas de vivir. Al crecer la niña debía enseñar a todas las demás mujeres de su tribu para mantener vivo el alma de su pueblo y el espíritu del río. La llamaron Ronin Wano, servidora de la serpiente, porque en lo más profundo de las más oscuras aguas del río a cuya orilla nació habita una anaconda que guarda los saberes y secretos milenarios con que todas las abuelas un día hilaron memoria, tejieron existencia y gestaron porvenir. Durante muchos años la abuela envió a su nieta a lo más profundo del río para que aprendiera el idioma del agua y escuchara la historia de sus propias abuelas, a lo más alto de los más altos cedros para aprender los secretos que las hembras pájaros contaban a sus hijos y a los más difíciles riscos para perder el miedo a morir y a vivir. Cada noche de luna llena la abuela y la nieta se acercaban a las casas de las mujeres hastiadas para recordarles la fuerza de la flexibilidad y la fe en la vida. Pero cuando aquella niña creció todo cambió. Los árboles milenarios se talaban y se vendían para hacer parqué. Fue entonces cuando las hijas de sus hijas, que habían crecido contemplando un televisor, rechazaron su herencia y olvidaron el sencillo ejercicio de ser. Cuando Ronin Wano se convirtió en abuela su gente ya no se sentía unida a los árboles, ni al agua, ni a la luna; ni al vientre con sus ciclos. Fue entonces cuando la anciana supo que sus cuentos debían llegar a las mujeres de más allá del gran río que jamás habían aprendido a crear el tapiz de sus propias vidas y ahora debían tejer el gran tapiz de todos."

Hay un momento en la vida de cada mujer contemporánea en el que suele encontrarse frente a un cruce de caminos del que nadie antes le ha hablado: de un lado el camino marcado por la educación del mundo patriarcal en el que ha crecido donde encuentra hilos inservibles para tejer con el alma la vida que tiene frente a si, patrones demasiado estrechos, telas poco maleables y escasas posibilidades de fantasía. Al otro lado el reto de encontrar su propio hilo que casi siempre es invisible a los ojos pero no al corazón y que tiene el don de unir la herencia de las abuelas sabias con su propio camino y el de todas las mujeres. ¿Hacia dónde ir? ¿Cómo encontrar el hilo? ¿Cómo empezar a tejer la propia vida y sentirse completa? El periplo del viaje de la heroína también tiene estructura de tragedia griega: a veces la mujer muere para renacer, se hiela para descubrir, se agota para tomar fuerzas pero aprende a hacer alquimia con las emociones y encuentra dentro de si los hilos que la unen a todo. Eso enseña la vida, que siempre sigue adelante.


Francisca Miles

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